SAPIEXO
La inteligencia empieza en los cimientos.
La inteligencia debe dar forma al sistema desde sus cimientos.
Una taza empieza a resbalarte de la mano. Ajustas el agarre. La próxima vez que la levantas, esa experiencia forma parte del movimiento.
Lo que vivimos influye en lo que percibimos. Lo que percibimos influye en lo que aprendemos. Lo que aprendemos cambia nuestra forma de actuar. Y las consecuencias nos acompañan hasta la siguiente decisión.
Esa es la capacidad integrada que estamos construyendo.
Queremos construir una mente.
No creemos que baste con hacerlo más grande. Aumentar el tamaño de un sistema no debe convertirse en una forma de evitar preguntarse si sus cimientos son los adecuados.
Nuestra tesis es que la inteligencia debe dar forma a la arquitectura desde el principio. La memoria, el aprendizaje y la acción deben desarrollarse juntos. La experiencia debe poder cambiar el sistema que la contiene.
Un error debe tener consecuencias para el siguiente intento. Una relación descubierta debe poder ponerse a prueba en una situación nueva. Una explicación debe poder abandonarse cuando la realidad la contradice.
Eso nos exige volver a preguntas que siguen abiertas.
¿Qué debe conservar un sistema para aprender de las consecuencias? ¿Cómo descubre que su visión del mundo es errónea? ¿Qué lleva consigo cuando la situación es nueva?
Queremos que las respuestas determinen lo que construimos.
Esa ambición nos compromete.
Debemos poder describir qué demostraría que estamos equivocados.
Eso también se aplica a nuestra convicción sobre los cimientos. Debemos estar dispuestos a reconsiderarla, incluso después de haberle dedicado años. Un resultado que contradiga nuestra idea debe poder cambiar tanto la idea como lo que construimos.
Nosotros mismos debemos estar dispuestos a aprender como queremos que aprendan nuestros sistemas.
Esto es para ti si alguna vez has pensado que falta algo fundamental. Si te has preguntado si de verdad solo hace falta más de lo mismo. Si quieres explorar otro camino y estás dispuesto a exigirle tanto como a los demás.
Sigue nuestro trabajo. Cuestiona los supuestos. Pon a prueba nuestras afirmaciones. Ayúdanos a descubrir lo que todavía no comprendemos.
Por eso estamos construyendo una mente.